
Leika Mochán


BIOGRAFÍA
Cantante y compositora perteneciente al Sistema Nacional de Creadores. Es pionera del live looping en México y especialista en ensambles vocales y de percusión corporal. Ha colaborado profesionalmente en varios Encuentros de Artes Escénicas y con diferentes grupos de teatro, danza y circo desde 1996. Se ha presentado con sus diferentes grupos o como solista en festivales y foros dentro y fuera del país (España, Francia, Argentina, Chile, Colombia, Brasil, EUA, Canadá, Italia y Bélgica).
Ha sido becaria del FONCA con Jóvenes Creadores 2010-2011 y del Sistema Nacional de Creadores del Arte 2021-2024, y recibió la llave de la ciudad en Santa Cruz, California, en 2018 por su participación en el Y2K internacional como headliner. Ha impartido clases en la Escuela Superior de Música, Escuela de Música DIM, Tónica en Guadalajara, JazzUV en Veracruz, UNICACH en Chiapas, entre otras instituciones.


Es egresada de la carrera de jazz de la Escuela Superior de Música del INBA, con especialidad en canto y scat. Ha grabado más de 10 discos con sus diferentes proyectos musicales: Muna Zul, Aguakates, Proyecto Gecko, Frágil, MamaSonikas, Cancioncitas y como solista, entre otros; uno de ellos bajo el sello Tzadik de John Zorn. Actualmente es integrante de los grupos Las Billies, del dueto Mochán-Nandayapa y del Coro Acardenchado como directora adjunta. Dirige el ensamble Aliento y Latido y la compañía Parvada, dedicada a conciertos inmersivos, sensoriales e interdisciplinarios. Participa como invitada en muchos otros proyectos de diversas disciplinas.

AUTOBIOGRAFÍA
Dice mamá que cantaba
cuando estaba yo en su vientre
cantaba y cantaré siempre
todo lo que yo observaba
pues el canto me arropaba
y me ayudaba a sentir
guiándome en el devenir,
y enalteciendo el pasado
siempre está el canto a mi lado,
Es mi razón de vivir

Nací en 1980. Viví la infancia y la adolescencia en clima cálido, rodeada de bugambilias y golondrinas. Estaba cerca del bosque, a donde me iba a cantar y hacer música con mis amigos a la menor oportunidad. Mi papá es físico y mi guía moral en la vida; toca la guitarra desde joven y tiene un oído privilegiado. Mi mamá es maestra Montessori y mi mayor cómplice; toca el piano desde niña y es la mayor apreciadora de todo el arte que se le atraviese en el camino. Ellos van a todos los conciertos que pueden y apoyan, desde su trinchera, a todos los artistas que conocen. A los 5 años empecé a estudiar violín, pero mi mayor pasión era escuchar todos los discos de moda y aprenderme todas las voces de los coros. Ya que me las sabía todas, me ponía a inventar voces que no oía en las grabaciones. Me gustaba grabar improvisaciones (que no sabía que así se llamaban) y luego escucharlas e improvisar algo encima. Cuando tenía 10 años murió mi abuelo y la única manera de expresar lo que sentía fue escribir una canción. A partir de entonces encontré en las canciones y en la creatividad mi medicina para el alma. A los 12 años entré a estudiar bel canto con Ana Gloria Bastida y realmente me impresionó cómo la voz podía resonar en todo el cuerpo. Más o menos a esa edad conocí a Chela Cervantes, una bailarina-poeta-pintora-cantante que me enseñó todos los caminos de la creatividad y del arte. Ha sido una de mis mayores maestras del arte y de la vida. Con ella fue la primera vez que trabajé en algo escénico como traspunte de luces. Amé sentarme detrás de una consola de luces y ver cómo se aporta a la magia del escenario desde atrás y desde lo sutil. Unos años más tarde, con ella hice toda la música de una pieza escénica, MarinaArena, y desde entonces sigo amando hacer música para proyectos de danza, teatro, circo y cabaret. A los 13 años vi cantar a Isabel Tercero por primera vez y quedé impactada: no solo cantaba, sino que jugaba con la voz y experimentaba todas sus posibilidades, así que comencé a tomar clases con ella. Ella me presentó música que yo ni sabía que existía (el cante hondo y la música búlgara, entre otras). A partir de entonces me volví una obsesiva de la música del mundo y de escuchar otras posibilidades de la voz en la música tradicional de todos los países. Entonces conocí a varios músicos jóvenes y tuve mi primera banda de “rock”, llamada BandaOcote, y después hicimos el grupo Banderlux de percusión, al lado de Ángel Ramos, Lalo Licona y Charly Gutiérrez. Ahí conocí la fuerza del tambor y el corazón de la tierra; el poder que te da el ritual, el encuentro, la danza y el canto. Poco a poco se fueron integrando más amigos y amigas al grupo hasta que se convirtió en una gran tribu. Días y noches de cantar y tocar sin parar, en las plazas, en el bosque, en nuestras casas, en fiestas y parques, exprimiéndonos hasta la última gota de energía por el placer de hacer música. A los 15 años escuché a Iraida Noriega por primera vez. Su eterna libertad y su capacidad de hacer que cada concierto sea un momento mágico me dejaron anonadada. Es una hechicera del momento. Obviamente comencé a buscarla para pedirle clases. En ese tiempo ya era absolutamente fan de la música vocal y de los grupos que pude conocer entonces (Zap Mama, Bobby McFerrin, Ladysmith Black Mambazo, Crosspulse…) y soñaba con irme a Bélgica a buscar a Zap Mama. Ya tenía mi arsenal de canciones que había hecho desde los 10 años y que quería cantar con arreglos para voces, pero no encontraba con quién montarlos. Fue entonces que escuché a Iraida con Cuicanitl y ¡enloquecí! Eso era lo que quería y ¡no estaba en Bélgica sino en el DF! Así que me mudé a la Ciudad de México a estudiar jazz en la Escuela Superior de Música para poder traducir al lenguaje musical todas las ideas que tenía en la cabeza.Ahí fue donde conocí a Dora Juárez y a Sandra Cuevas y armamos Muna Zul, mi sueño desde que tenía como 12 años… ¡un grupo vocal! Nuestro gran reto no solo era hacer todo a voces, sino con tan solo tres voces y muy diferentes entre sí. Los caminos se volvieron infinitos y sacamos dos discos: uno con Tzadik y otro con Intolerancia. Viajamos a Nueva York, Italia, Francia, Argentina, Chile… Cantamos y compusimos juntas durante muchos años. Dentro de esos viajes aprovechamos el empujón y con Dora nos fuimos a India a estudiar canto dhrupad con Ustad Zia Fariduddin Dagar. Solo estuvimos un mes y semanas, pero en realidad lo que más me gustó fue ver las clases que le daba a los avanzados: la metodología de enseñanza es muy diferente y, en muchos sentidos, realmente muy congruente y hermosa. Con el tiempo siento que esa experiencia me nutrió para dar clases ahora con un enfoque mixto del acercamiento a la música. Muna Zul fue un largo camino de hermandad, complicidad, equipo y aprendizaje. En esos años algo dentro de mí efervescía y quería hacer muchas cosas. Por una parte le entré a todas las invitaciones en proyectos escénicos, ya que la danza, el teatro, el circo y la fusión de las artes es algo que siempre me apasionará. Extrañaba la fiesta Banderluxera y el baile. Yurief Nieves me invitó, junto a María Emilia Martínez, Omar Medina y varios músicos más, a hacer Los Aguakates: reggae, funk, latin-afrobeat y la bailonguera que tanto me estaba faltando. Sacamos un disco y tocamos en muchas fiestas y festivales. Cuando terminé la escuela comencé a extrañar los ensambles y hacer jazz, y por suerte armamos el Proyecto Gecko al lado de Omar Medina, Pilar Sánchez y Jorge Fernández: jazz-rock, pura energía y aguerridez. Hicimos un disco con Intolerancia y tocamos todo lo que pudimos. Quería seguir aprendiendo de ritmos tradicionales y seguir bailando, y gracias a OllinCuica (después MamaSónica), con Mariel Henry, Heidi Von Son, Julieta Abdala y Karina Gutiérrez, eso se siguió desarrollando, así como mi pasión por la percusión corporal. Gracias a un amigo guitarrista, Juanjo López, conocí los loopers y comenzó la aventura de hacer música solita, grabando voz sobre voz y logrando hacer todo un espectáculo y el disco Kaleidojísmos. Fue un gran logro y, gracias a ese proyecto, pude interactuar con muchos grupos y encuentros escénicos (Cuentos de Kali, Erosional, Siguiente Escena…), así como invitar a artistas escénicos que admiro a participar en mis conciertos. En algún momento de la vida me pareció un poco frustrante hacer conciertos en espacios donde solo va gente que se entera de estos eventos y saber que hay millones de personas que podrían gozar y recibir la música de mil maneras, pero que solo oyen lo que dictan los medios masivos de comunicación. Por todo esto decidí montar mi looper y un pequeño amplificador en mi bicicleta (otra de las actividades que más amo en la vida) para salir a las calles a presentar la música a quien se me atravesara en el camino, y llamé a este proyecto la Kaleidokleta. Hacer esto es realmente bello y enriquecedor, ya que me encontraba con la sensibilidad de mucha gente que seguramente no iría a conciertos en lugares “alternativos”, además de que puedes crear música sampleando a la misma gente. Estos encuentros fortuitos callejeros se vuelven mágicos y muchas veces pasan cosas increíbles con las cosas que dice la gente, convertidas en pequeñas piezas. Con Iraida he seguido colaborando y se ha vuelto mi hermana y compañera de miles de aventuras: sacamos el disco Frágil con la “diosa loca” Edmée García de música y poesía; hicimos el espectáculo Cancionistas con el maestro Pío, que hace cine a mano, un espectáculo para niños de todas las edades. Después de muchos años de hacer música sola comencé a extrañar el trabajo en equipo y empecé a hacer mi proyecto solista en trío. En un principio experimentaba y cada concierto jugaba con una alineación diferente (dos bajos, piano y batería, arpa y bajo…). Dentro de estos experimentos toqué con Nicolas Santella, Gustavo Nandayapa, Axel Tamayo, Verónica Valerio, Israel Cupich, Sabino Paz, Arturo Báez, David Sánchez, Tom Kessler, Brian Allen, Diego Franco, Benjamín García, entre otros. De esos encuentros derivó el disco Trenzando. Ahora presento mi proyecto solista con contrabajo, algún metal y un invitado visual (como Rimiyoho o Cineamano) que maneja proyecciones en vivo. A finales de 2015 hubo un encuentro entre cinco cantantes maravillosas con las cuales tenemos un amplio repertorio de música mexicana, jazz y música original, y nos presentamos como Las Billies, un verdadero placer volver a estar en un ensamble vocal y con mujeres tan talentosas y que admiro tanto.Los grupos de entrenamiento vocal y percusión corporal siempre han sido parte esencial de mi vida y sigo haciendo arreglos y componiendo para ello con el coro Acardenchado como directora adjunta y dirigiendo Aliento y Latido.En 2021 tuve el apoyo del Sistema Nacional de Creadores, con el cual desarrollé y dirigí tres proyectos inmersivos que soñaba poder realizar desde principios del 2000, involucrando diferentes artes y artistas increíbles de muchas áreas y entrando también en la sensorialidad. En medio de esta música que es la vida me he encontrado y me he perdido mil veces. He aprendido a cocinar, a empacar, a componer, a descomponer, a crear proyectos, a despedirme de ellos, a permanecer, a desvanecerme, a vivir la maternidad, a amar, a despedirme de gente muy querida, a mirar los atardeceres en las azoteas, a preparar cada vez mejor café, a tomar el sol en la banqueta mientras llega el camión, a respirar… Todo va y viene y nutre y llena y vacía el corazón… seguimos caminando, seguimos soñando… seguimos construyendo y aprendiendo paso a pasito con los ingredientes que la vida nos va poniendo.